Bernardo de Claraval. Crecimiento espiritual y servicio ético

Cristianía bebe de los mapas de madurez humana y espiritual elaborados por el monacato occidental, en especial, el monacato cisterciense, cuyo principal maestro fue Bernardo de Claraval. Con el principio de "ser concha y no canal" sintetiza la idea de que, antes de "salvar a los demás", debemos hacernos responsables primero de construirnos como personas, adelantándose así a la idea actual de que "lo personal es político", que hoy se ha difundido desde el feminismo. Proponemos, en consecuencia, partir del propio proceso de crecimiento personal, para descentrarnos del egocentrismo y abrirnos al crecimiento espiritual y al servicio ético a las demás personas y a la naturaleza.

 

Los objetivos del camino espiritual son la libertad (la imagen) y el amor (la semejanza), es decir, recuperar nuestra verdadera naturaleza. Vivimos en la fragmentación, separados de los demás, del cosmos y del Misterio. El camino espiritual facilita que el ser humano recupere su centro, armonizando las diversas dimensiones que le constituyen. Una vez recuperado nuestro verdadero centro, podremos ser instrumentos de unificación y armonía en la vida cotidiana, en conexión con los demás, con la naturaleza y con el Misterio. Según la antropología cisterciense, se trata de armonizar el cuerpo (corpus), las emociones (anima), la razón (animus)  y el ser (spiritus).

Si eres sensato, preferirás ser concha y no canal; este según recibe el agua la deja correr, mientras que la concha espera a llenarse y, sin menoscabo propio, rebosa lo que la colma. LLénate previamente y luego trata de comunicarlo. Bernardo de Claraval, Cantar de los cantares, sermón 18.

Juan de la Cruz. El anhelo de Dios

¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados! 
Juan de la Cruz, Cántico espiritual, estrofa XII.

El nuevo paradigma subraya la presencia de Dios en nosotros y en todo. Como dicen los Hechos de los apóstoles: en el vivimos, nos movemos y existimos. Es la experiencia del Espíritu dentro de nosotros. Dios le habla a nuestro espíritu en nuestra intimidad, a la vez que en esa intimidad es transcendente; no lo poseemos y nos saca de nosotros mismos hacia los demás sin perdernos. El Espíritu está también presente en el mundo, en la creación y en toda la humanidad. La oración, por tanto, es un adentrarse y aceptar esa Presencia; es más un estar que un hacer, un abandonarse en el Misterio del ser que habita en todo. Cristianía, Hacia la cristianía.

Teresa de Ávila. Servir por amor

No hagamos torres sin fundamento, que el señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen; y como hagamos lo que pudiéremos, hará su majestad que vayamos pudiendo cada día más y más. Teresa de Ávila, Moradas (VII).

El Dios de Jesús es un Dios que es amor gratuito, incondicional y universal, sin exclusiones, así aparece identificado Dios y el amor en el evangelio de Juan. Jesús tuvo la experiencia del amor sin limites de Dios. A este Dios, Jesús lo llama abba. El amor ante todo es un don recibido de Dios; no hay que poner el énfasis en amar nosotros a Dios sino en dejarnos amar por él; desde ahí, es desde donde nos nacerá responder a su amor. Cristianía, Hacia la cristianía.

Etty Hillesum. Ayudar a Dios y defender su causa

Te prometo una cosa, Dios, solo una pequeña cosa. Intentaré no cargar el hoy con el peso de mis preocupaciones por el mañana, aunque para eso se necesite cierta experiencia. Cada día tiene ya su parte. Trataré de ayudarte para que tú no seas destruido dentro de mí, aunque no puedo prometerte nada a priori. Una cosa, sin embargo, se vuelve para mí cada vez más evidente, que tú no puedes ayudarnos sino que somos nosotros los que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudamos a nosotros mismos. La única cosa que podemos salvar, en estos tiempos, y también la única que cuenta verdaderamente, es ese pequeño fragmento de ti en nosotros, mi Dios. Y, tal vez, podamos también contribuir a desenterrarte de los corazones devastados de otros hombres. Sí, mi Dios, parece que tú no puedas hacer mucho para cambiar las circunstancias actuales, también estas, sin embargo, forman parte de esta vida. Yo no involucro tu responsabilidad, más tarde serás tú quien nos declararás responsables a nosotros. Y casi a cada latido de mi corazón crece mi certeza: tú no puedes ayudarnos, nos toca a nosotros ayudarte y defender tu casa en nosotros. Etty Hillesum, Diarios.

Seguimos el camino de la mística de la Aceptación (santa indiferencia, desasimiento del egoísmo o “apatheia”) y del Amor (Santo Abandono en Dios) no asumiendo la realidad con resignación, sino con pasión por el bien del ser humano, como un camino misterioso de la presencia y actuación del amor de Dios en la historia personal y de toda la humanidad; elegimos consentir la acción del Espíritu que, en silencio, empuja la historia, viviendo el sacramento del momento presente, abandonándonos y colaborando con la Divina Providencia. 

Expresamos nuestro amor por el ser humano, desde Dios, infundido por el Espíritu, en la colaboración en la construcción del Reino de Dios en la historia, promoviendo la liberación y humanización integral, en especial la de las personas empobrecidas y marginadas, para dar alabanza a Dios y, de este modo, alcanzar, para siempre y para la humanidad en su conjunto, el gozo de la comunión trinitaria con Dios, el mundo y la humanidad por medio de Cristo, nuestro redentor y libertador. Cristianía, Regla de vida.

Thomas Merton. La integración final

La persona que ha logrado la integración final ya no se halla limitado por la cultura en la que ha crecido. Ha abrazado la totalidad de la vida. Ha experimentado las cualidades de todo tipo de vida: la existencia humana ordinaria, la vida intelectual, la creación artística, el amor humano, la vida religiosa. Trasciende todas esas formas limitadas, al tiempo que retiene lo mejor y lo universal que hay en ellas, "dando a luz finalmente un ser totalmente integral". No solo acepta a su propia comunidad, a su propia sociedad, a sus amigos y a su cultura, sino a toda la humanidad. No permanece atado a una serie limitada de valores, al punto de oponerlos a otro adoptando posturas agresivas o defensivas. Es totalmente católico en la mejor acepción de la palabra. Posee una visión y una experiencia unificadas de la única verdad que resplandece en cualquiera de sus diferentes manifestaciones, unas más claras que otras, unas más definidas y certeras que otras. No establece oposición entre las verdades parciales sino que las unifica en una dialéctica o en una visión interior de complementariedad. Con esta visión de la vida puede aportar perspectiva, libertad y espontaneidad a la vida de los demás. Thomas Merton, Acción y contemplación.

Para favorecer nuestra dimensión relacional, mantendremos una actitud de escucha activa, empática y asertiva, en nuestras relaciones. Evitaremos relacionarnos con las otras personas desde el miedo, la vergüenza, el egocentrismo, el deseo de posesión o la manipulación, la indiferencia o el convencionalismo, promoviendo vínculos seguros y saludables, ni ansiosos ni evitativos, que permitan la comunicación auténtica, el cuidado y el crecimiento mutuo; Procuraremos acoger el regalo de dar y recibir el perdón, sin menoscabo de la justicia y la reparación del daño causado, cuando ofendamos o nos ofendan. Practicaremos y apoyaremos la no violencia activa como modo de vida y como método de acción. Utilizaremos el diálogo no violento para resolver nuestras diferencias y conflictos. Cristianía, Regla de vida.

Raimon Panikkar. La intuición cosmoteándrica

No hay tres realidades: Dios, el hombre y el mundo. Pero tampoco hay una: o Dios, o el hombre, o el mundo. La realidad es cosmoteándrica. Es nuestra forma de mirar lo que hace que la realidad nos aparezca a veces bajo un aspecto y a veces bajo otro. Dios, hombre y mundo están, por así decirlo, en una íntima y constitutiva colaboración para construir la Realidad, para hacer avanzar la historia, para continuar la creación. Raimon Panikkar, La Trinidad: una experiencia humana primordial.

Dios promueve nuestra libertad y autonomía a la vez que nuestra solidaridad y salida de nosotros mismos para construir la fraternidad. Dios nos necesita pues lo real es la relación, la realidad es cosmoteándrica, es relacional, por eso Dios es personal, es relacional, no es un absoluto autosuficiente pues por amor se hace vulnerable y nos necesita para realizarse plenamente como le necesitamos nosotros a él. Dios no es una realidad separada de nosotros ni es simplemente nuestra profundidad, es a la vez transcendente e inmanente, por eso, por un lado, su imagen responde a los anhelos más profundos de nuestro corazón y, por otro lado, transciende todo lo que podemos concebir de él salvo que Él nos lo revele. Cristianía, Hacia la cristianía.

Juan Martín Velasco. La Presencia originante

Decimos de Dios que es una realidad trascendente e inmanente. Pero partiendo del hecho de que es simultáneamente trascendente e inmanente, ¿qué tipo de realidad es para los sujetos religiosos?  Para nombrarla, yo no he encontrado mejor palabra, mejor símbolo, que la de “Presencia”. Con esta palabra no nos referimos a un ser de una u otra naturaleza, nos referimos a una modalidad de ser, a una forma de ser que se caracteriza por ser en acto de manifestarse, ser en acto de comunicársenos (...) Podríamos decir que Dios es la Presencia de la más absoluta trascendencia en el interior de la realidad y en el corazón mismo de las personas. Juan Martín Velasco, La voz de la Palabra.

Como respuesta a la llamada que resuena en lo más profundo de nuestra propia interioridad y con el apoyo en una certeza oscura que va más allá de la lógica y la razón, nos disponemos a vivir una vida contemplativa, es decir, una vida en plenitud abierta a Dios como inefable misterio de amor y eterna fuente invisible que permanentemente nos origina, nos sostiene y nos recibe. En la práctica de la contemplación, reconocemos la huella que deja en nosotros la Presencia que nos hace ser, en una experiencia de comunión que nos orienta más allá de nuestras realidades inmediatas.

 

Tomamos así distancia de nuestros apegos autocentrados, y vivimos el santo abandono, compasivamente, desde la confianza en el Dios Amoroso, Padre Maternal, que promueve en cada persona el amor afectivo y efectivo a sí misma y a las demás, a la naturaleza y a Dios, aun en medio de las tribulaciones e injusticias; optamos por tomar la cruz y encarnar la opción por el amor y la justicia frente al miedo, corazón del camino espiritual cristiano, para participar personal y colectivamente en la liberación y la alegría de la resurrección de Cristo. Cristianía, Regla de vida.

 

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