El término “cristianía” es el nombre que se da a la experiencia mística cristiana que está en el origen de la religión y de la cultura laica de Occidente

Un camino contemplativo para promover la unificación y humanización de la persona y la sociedad, en diálogo con otras religiones y culturas, y abierto a la experiencia interespiritual 

Cristianía es un proyecto de monacato laico abierto a todas las personas que propone un camino contemplativo para promover la unificación y humanización del ser humano. Es un camino que no exige ruptura o separación de la vida secular porque reconoce la santidad de lo cotidiano, de las responsabilidades sociales y las relaciones humanas vividas con actitud contemplativa. Es un camino de inspiración cristiana. De hecho, el término “Cristianía”, recuperado por Raimon Panikkar, es el nombre que se da a la experiencia mística cristiana, que está en el origen de la religión y de la cultura laica de Occidente, integrando ambas, a la vez que respetando su autonomía. Es un camino en diálogo con otras religiones y culturas, abierto a la experiencia interespiritual, consciente de que el don más precioso que tienen en común las religiones y culturas del mundo es su experiencia acumulada de itinerarios espirituales. Es un camino que opta por asumir la flexibilidad no líquida como valor fundamental y por crecer como una comunidad humanizada y humanizadora con relaciones basadas en el respeto y los lazos del ser. Cristianía, Exordio.

No supone una ruptura o separación de la vida secular porque reconoce la santidad de lo cotidiano, de las responsabilidades sociales y las relaciones humanas vividas con actitud contemplativa

Cristianía quiere ser una comunidad que se va construyendo desde la escucha, que acoge y sostiene sin juicio, y que ayuda a las personas que la integran a dar respuesta a sus aspiraciones más genuinas, aquellas que nacen de lo más profundo del corazón, de esa fuente de donde brota la Vida misma. Es un camino que como requisito no supone pertenencia a una determinada o concreta confesión religiosa, si bien, como comunidad se inspira en la tradición cristiana y busca contribuir a la construcción de una iglesia que sea un lugar verdaderamente contemplativo y compasivo, que genere personas transmisoras de paz y esperanza, comprometidas, con toda la humanidad, en la construcción de la justicia y la hermandad. Cristianía, Exordio.

Abierta a una nueva universalidad, a una fraternidad-sororidad que abrace a cada ser humano, a toda religión, a toda vida en cada rincón del cosmos

Cristianía nace dentro de la Iglesia, bebe de la tradición cristiana y, como la mayoría de los movimientos espirituales e instituciones religiosas surgidas en el seno de la Iglesia, nace como un grupo marginal, es decir, minoritario, sin aparente relevancia. A lo largo de la historia de la Iglesia, muchos de estos grupos y movimientos permanecieron y murieron marginales, pero otros muchos ejercieron una influencia decisiva en el desarrollo de la Iglesia. Quizá todos fueron necesarios, pues por medio de ellos el Espíritu ha ido aportando nuevos modos de vivir el Evangelio y el seguimiento de Cristo, inspirando la conciencia de cada época. Hoy muchas personas tienen la impresión de que, dentro de la Iglesia, y también fuera de ella, estamos asistiendo al despertar de una nueva conciencia que se expresa en una renovada intuición: el encuentro con Cristo puede acaecer en el centro de uno mismo, en el centro de la comunidad humana y de toda la realidad, y en el centro de todas las religiones y culturas, de modo que la relación entre ellas puede ser representada por la imagen de una rueda. La parte exterior de la rueda serían las estructuras institucionales y cuerpos doctrinales de cada religión, es decir, aquello en lo que las distintas religiones no son iguales, si bien pueden presentar equivalencias. 

El centro, el lugar en el que todos los radios coinciden, sería la experiencia mística a la que conduce cada religión y en donde entra en comunión con todas las demás. Explorando esta intuición, Cristianía, sin renunciar a la propia identidad religiosa, quiere abrirse a una nueva universalidad, a una fraternidad-sororidad nueva que abrace a cada ser humano, a toda religión, a toda vida en cada rincón del cosmos. Cristianía quiere ser un nuevo modo de ser iglesia, una iglesia de puertas abiertas, inclusiva y pluralista, que se centra en la ortopraxis y no en la ortodoxia, que quiere ser fiel a lo valioso de la experiencia del Evangelio y a la sabiduría interespiritual, sabiendo que Cristo no es monopolio de nadie, ni es propiedad exclusiva de ninguna iglesia, a la vez que también abrazando lo valioso y humanizador de estas instituciones, comprometiéndonos en su renovación. Para ser fiel a esta misión, Cristianía se organiza como una realidad autónoma y no vinculada a ninguna estructura de la iglesia institucional. A su vez, se siente parte de la iglesia como realidad teológica, más allá de su forma histórica de organización, de modo que apoya y es también parte del movimiento de reconstrucción de la iglesia desde abajo mediante la creación de grupos informales de libre asociación. Cristianía, Una nueva universalidad.

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